En un entorno cotidiano dominado por teléfonos móviles, tabletas, ordenadores y televisores, resulta inevitable que las familias se pregunten cómo influye este consumo digital en el desempeño académico de los niños.

Aunque los pediatras llevan años recomendando limitar el tiempo de exposición a las pantallas, especialmente en edad escolar, la evidencia científica que analiza directamente esta relación sigue siendo limitada. Un equipo multidisciplinar de investigadores canadienses —especialistas en pediatría, nutrición, psiquiatría, neurociencia y bioestadística— ha abordado esta cuestión en profundidad. Sus conclusiones se publicaron recientemente en la revista de la Asociación Estadounidense de Medicina (JAMA), uno de los referentes internacionales en investigación clínica.

Un estudio con más de 5.000 estudiantes de Primaria

Para comprender mejor el impacto del uso de pantallas, los investigadores analizaron datos de 3.322 alumnos de tercer curso de Primaria y 2.084 de sexto grado. Todos ellos forman parte del proyecto TARGet Kids!, un programa de investigación que recluta participantes en centros de atención primaria de Ontario (Canadá).

Los datos recopilados abarcan un periodo amplio, desde 2008 hasta 2023, y se vincularon con los resultados obtenidos por los estudiantes en las pruebas provinciales estandarizadas de lectura y matemáticas que se realizan al finalizar tercero y sexto de Primaria. Además, los padres proporcionaron información detallada sobre el tiempo total que sus hijos pasaban frente a pantallas, distinguiendo entre televisión, medios digitales y videojuegos.

Más pantallas, peores resultados: lo que revela la evidencia

Los hallazgos del estudio muestran una asociación clara: cuanto mayor es el tiempo total frente a pantallas, peor es el rendimiento en lectura y matemáticas. Esta relación se observó especialmente en el consumo de televisión y medios digitales. En el caso de los videojuegos, el impacto fue más específico. Entre los alumnos de tercer curso, un mayor uso se relacionó con una disminución de la habilidad lectora.

En las niñas de ese mismo nivel, además, se detectó un descenso en el rendimiento matemático. Para los autores, estos resultados refuerzan la necesidad de promover intervenciones tempranas que reduzcan la exposición excesiva a las pantallas y fomenten hábitos digitales más saludables, con el objetivo de mejorar el desempeño escolar desde las primeras etapas educativas.

Más allá del tiempo de uso: la importancia del contenido y el contexto

Aunque las guías clínicas de diversas sociedades científicas continúan recomendando límites diarios de exposición, los expertos subrayan que el debate actual va más allá de la cantidad de horas. Cada vez se reconoce más la relevancia de la calidad del contenido consumido y del contexto en el que se utilizan las pantallas. Aspectos como el tipo de programa o aplicación, el uso educativo o recreativo, la presencia de adultos que acompañen la actividad y el papel de las pantallas en el entorno escolar pueden influir de manera significativa en el impacto final sobre el aprendizaje.

Por ello, los investigadores consideran fundamental que los estudios futuros analicen estas dimensiones de forma más exhaustiva, con el fin de generar recomendaciones más precisas y útiles para familias, docentes y responsables de políticas educativas.

Hacia recomendaciones más completas y adaptadas a la realidad actual

El estudio canadiense aporta evidencia relevante en un campo donde aún quedan muchas preguntas por responder. Sus autores insisten en que comprender cómo interactúan el tiempo, el contenido y el contexto del uso de pantallas permitirá diseñar pautas más ajustadas a las necesidades reales de los niños y contribuir a mejorar su rendimiento académico. En un mundo cada vez más digital, la clave no será únicamente limitar, sino también orientar y acompañar el uso de la tecnología desde edades tempranas.